sábado, 25 de noviembre de 2006

Telecomunicaciones y Globalización Cambiando Nuestro Oro por baratijas

Revista Caretas

El autor es el coordinador general de la Red Científica Peruana. Escribe sobre un conflicto que según él amenaza el desarrollo futuro y la libertad en las redes de informática en el Perú.

Por JOSE SORIANO M.

DICEN que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Esta frase de sabiduría popular define las políticas que se están aplicando en un sector estratégico, el más importante en el nuevo escenario de globalización económica, el de las Telecomunicaciones.
Las telecomunicaciones, la información y el conocimiento, las más valiosas materias primas de los nuevos escenarios son el eje principal de todas las estrategias de los países desarrollados, Estados Unidos, El Grupo de los Siete, y de organizaciones como la OCDE, OEA, Unesco, sólo para citar algunos.

Lo hacen siguiendo al conjunto de los 200 gerentes de grandes corporaciones mundiales que son los verdaderos ideólogos de este modelo globalizado y que tienen el poder, coo nunca antes ni los gobiernos han tenido, de manejar la economía y decidir el destino de los países.
Mientras en esos mismos países y organizaciones ya se están discutiendo las falencias del modelo a mediano y largo plazo, en nuestro país sólo el debate coyuntural, la reacción de corto plazo, la implementación de la cáscara del "libre mercado" y la reducción del Estado como un fin en sí mismo, están omnipresentes en todas las conversaciones y debates.
El árbol economicista o electoral de corto plazo nos impide ver el bosque mientras es depredado con total impunidad.
Pareciera que la falta de políticas de largo aliento, que nos aseguren un lugar como país en el futuro, son la única política. Esto en el sector de Telecomunicaciones aparentemente se traduce en vender todo lo que tenemos, darle garantías de depredación a quien compre y demorar las definiciones políticas ajustando las regulaciones a los tiempos que ellas desean.
La falta de defensa de todos aquellos que desean desarrollar servicios preexistentes o nuevos y el haber transformado el mercado de las telecomunicaciones en un coto reservado ha provocado que muchos interesados desistan, que algunos proyectos de inversión aborten o queden como un recuerdo en papel sobre el escritorio de algún burócrata.
El objetivo de lograr que las empresas peruanas sean competitivas se ven seriamente comprometido por los altos precios de las telecomunicaciones y por una empresa cuya mayor especialidad es "cavar zanjas y facturar" amparada por la falta de objetivos de una administración jugando al gato y al ratón con el sentido común y las tendencias del mercado internacional mientras aprenden su oficio.
Que en el pasado estuviéramos en peor situación no puede ser excusa para evadir nuestra responsabilidad con el futuro. La instalación de infraestructura en el país se hace siguiendo las estrategias de una corporación y no adecuándola a las necesidad reales del país como quedó demostrado en el trágico momento de la guerra con el Ecuador.

UNA CUESTION DE MODELOS

Graham Allison define los procesos de toma de decisiones en tres modelos. El primero es llamado modelo racional. El modelo 2, también llamado burocrático está presente en organizaciones como las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial y los Organismos Reguladores, donde la parte procesal (procedimientos estándar de operación) priman y muchas veces condicionan el resultado final. De la aplicación de este modelo es donde surge el adagio popular "tienes las razón pero vas preso". El tercer modelo es el llamado político, donde lo que prima es ganar poder, muchas veces así se pierda.
En cuanto a las Telecomunicaciones en el Perú el modelo burocrático se impone a los demás. Analizado desde el modelo político se trata de saber quien tiene "el poder" muchas manifestaciones de la realidad nos pueden indicar que no es el gobierno.
Esta situación es distinta en otros países donde el Estado de manera soberana, utilizando criterios políticos y fundamentación técnica, va sembrando lo que cosecharán sus habitantes del futuro.
Brasil, Chile, y más recientemente Argentina son sólo ejemplos cercanos de cómo, basándose en principios universales, se puede defender un sector estratégico con decisiones políticas. Países que ya han sufrido algunos de los problemas que enfrentamos y que les han encontrado solución en favor de su propio desarrollo y no del lucro de una única empresa.
Mientras en el Perú los usuarios y todos los proveedores de servicios de valor agregado y de telecomunicaciones se quejan en público y en privado desde hace más de dos años por las acciones de una única empresa, en sólo 11 días German Kammerath, titular del organismo regulador argentino, puso las cosas en su sitio para fijar una política nacional ante los monopolios fundamentando la resolución 174/96 del 7 de noviembre de la siguiente manera:
"Que medidas como la presente deben ser tomadas con ímpetu y celeridad por el Gobierno Nacional, a efectos de evitar que por la fuerza de los hechos se confunda a la opinión pública y se "beneficie" a los clientes presentes, a costa de las generaciones venideras, los clientes del futuro".
"Que en tal sentido constituye uno de los más importantes desafíos del regulador contemplar en sus análisis los intereses de los consumidores presentes y los del futuro, en especial cuando los ingresos provenientes de la renta monopólica derivada de la prestación de un servicio universal permite distorsionar la competencia en la oferta de información, y lograr en consecuencia regulaciones equilibradas".
"Que el gobierno nacional es inflexible en cuanto al sostenimiento de la libre competencia en el acceso a la información, medio idóneo para sostener el pluralismo y la libertad de prensa...".
Este es un tema que merece generar un debate nacional. Es un tema tan fundamental que requiere de soluciones políticas de largo plazo en cuya elaboración deben participar todos los sectores de la sociedad. No puede ser dejado sólo en manos de los "técnicos" o copiando recetas bajo influencia.
Como el aire o la vida, la falta de libertad sólo se nota cuando ya es tarde para aprovecharla.